El Papa, a la vuelta de Río, buscó un lenguaje de claridad y amistad con el mundo de los medios, una ocasión de diálogo
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Como era previsible, el discurso del Papa en el vuelo de vuelta de Río de Janeiro ha ocupado espacios importantes en los medios de comunicación, no sólo los católicos, y el eco ha llegado también a las redes sociales. Dos en particular han sido los aspectos de la cuestión.
Por un lado hay quien considera exagerado definir 'revolucionarias' – como muchos medios laicos han hecho – las frases del Papa, en particular las referidas a la homosexualidad, pues en realidad reflejan sencillamente (y es innegable) la doctrina católica codificada en el Catecismo. Otros, confrontando el texto integral de la conversación con las síntesis difundidas por la prensa, encuentran algunas omisiones que les hacen pensar en un tentativo de forzar, por parte de la prensa laica, el pensamiento del Papa en una dirección 'gradita'.
La referencia se debe a la falta, en los primeros resúmenes, de las respuestas dadas por Francisco a la periodista brasileña Patricia Zorzan, respecto a la legislación sobre el aborto y – de nuevo – sobre el matrimonio gay. Temas a propósito de los cuales el pontífice se expresaba recordando que la Iglesia tiene "una doctrina clara". El nudo de la cuestión, tal y como se ha llevado en las discusiones en las que he participado en las redes sociales, era si esta selección mediática de los contenidos reflejaba la voluntad de atribuir al Papa una "agenda" que no era suya sobre estos temas, o si en cambio había sido dictada sencillamente por los criterios periodísticos de síntesis y de 'hacer noticia'.
Ahora bien, que existen ambientes hostiles por principio a la Iglesia y a sus iniciativas, es imposible ocultarlo, y es naturalmente justo que los fieles católicos planteen el problema. Sin embargo, interpretar – como a veces sucede – todos (o casi) los reportes procedentes de determinados órganos de información como un intento en este sentido, esconde en mi opinión una tentación. La se sentirse, siempre y en todo caso, “bajo asedio ", imposibilitados para hacernos entender como cristianos por el resto de la sociedad. Una convicción que corre el riesgo, paradójicamente, de transformarse en una profecía que se auto-cumple, ocultándonos también las ocasiones – opuestas – de diálogo fructífero.
Me parece que precisamente el papa Francesco, con su coloquio a micrófono abierto en el avión, ha indicado el camino a seguir para evitar esta tentación. En ninguna de las respuestas se ha alejado de la doctrina católica y del magisterio, pero ha expresado los mismos conceptos en su estilo directo y cotidiano, evitando el tono de los discursos oficiales que (no solo en el mundo eclesial, sino quizás – mucho más – en el ámbito de los Estados laicos) a veces resulta un serio obstáculo para la comprensión recíproca.
Aquí está – probablemente – la verdadera “revolución” de ese coloquio con la prensa: el demostrar que, incluso ante temas delicados, hay una manera de romper – o prevenir – la lógica del 'muro contra muro'. Asumir, en resumen, ese compromiso que, en mi opinión, resume el espíritu de toda la charla: “Tenemos que acostumbrarnos a ser normales". Confiados en que – antes o después – otros seguirán este ejemplo.