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El Papa Francisco y su contacto con los “humildes”

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Alvaro Real - publicado el 27/08/13
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Telefonea a una mujer violada por la policía y escribe a una reclusa

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El Papa Francisco está muy en contacto con la realidad: telefonea, y recibe y envía cartas de respuesta pidiendo oraciones y mostrando misericordia y compañía. No sólo son cartas ni llamadas a jefes de Estado o a grandes personalidades, sino especialmente a personas humildes que sufren y le piden por sus problemas; recientemente a una mujer presuntamente violada por la policía y a una reclusa. Ambas llegan desde Argentina.
 
“Me llamó el Papa, todavía no caigo. Sentí que me tocó la mano de Dios; este llamado me dio fuerzas para seguir luchando”, explica Alejandra Pereyra, que fue sorprendida por el Papa Francisco mediante una llamada de teléfono.
 
Alejandra Pereyra compartió su problema con el obispo de Roma mediante un mail: “Soy madre de seis hijos biológicos, y también crié seis niños más, tres de ellos tienen discapacidad. En una oportunidad, uno de estos niños se encontraba jugando en la vereda del frente de mi casa, con una pelota. En ese momento pasa un móvil policial y le da la voz de alto al niño. Como no respondió a sus órdenes, el policía toma una escopeta Ithaca y se la coloca debajo del mentón, por el cual mi niño se orina. Yo me dirijo a los Tribunales de Río Segundo, donde formulé la denuncia penal”.
 
A partir de ahí y siempre según el relato ofrecido por Alejandra Pereyra al Santo Padre, sufre una constante persecución policial hacia sus hijos y su familia. Tras ese incidente, sus hijos fueron detenidos varias veces y los policías los amenazaban: “Tu mama es linda y la vamos a violar”.
 
Finalmente esta violación ocurrió: “En septiembre de 2008, alrededor de la medianoche se presenta un patrullero y se baja un policía que se identifica como el comisario Sergio Braccamonte”, explica en la carta. La mujer denuncia que este hombre le dijo que la alcanzaría hasta la comisaría, pero en realidad la llevó a un descampado, “donde me puso su arma reglamentaria en la cabeza y me violó. Yo tan sólo le decía: por favor no me mate”.
 
 “El llamado de Francisco me devolvió la paz y la fe”, explica Alejandra Pereyra: “Yo siempre creí en la Justicia divina, porque en la Justicia de los hombres no creo nada; si no, mire lo que le pasó a mi familia”. El Papa abrió una puerta a la esperanza: “Me enteré de que el Papa le puso fecha a la visita del gobernador De la Sota. Espero que le cuente del calvario que estoy pasando”, dice.
 
Desde la cárcel
 
También desde Argentina llega la historia de una prisionera que ha conseguido hablar con el Papa Francisco. Se llama Gabriela Caballero, tiene 38 años, y preparó las hostias que usó el Pontífice para las misas en Santa Marta.
 
Detenida desde 2010 en la unidad 47 de la estructura penitencial “San Martín”, cerca de Buenos Aires, todavía debe cumplir su condena de siete años. El Papa Francisco supo de Gabriela y de su taller de hostias gracias al obispo de San Isidro, monseñor Óscar Vicente Ojeda.
 
En un desayuno, el prelado le ofreció un paquete que el Papa Francisco se llevó en privado: “Él se quedó muy impactado por el sentido de que esta chica hiciera las hostias con que nosotros celebramos la misa”, explica.
 
El 18 de julio, el Papa celebró la primera misa con algunas de estas hostias y el 19 escribió una breve carta para agradecer a Gabriela. En la carta le explica: “Desde mañana celebraré misa con ellas y le aseguro que me emociona. Su carta me hizo pensar, y con esto me lleva a rezar por usted… pero me alegra y da seguridad que usted rece por mí. La tendré cercana. Gracias de nuevo por escribirme y por mandarme las fotos: las tendré delante de mí en el escritorio”.

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