El mundo debe ver en los cristianos la alegría de haber encontrado a Cristo
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El anuncio del Evangelio para hoy por los testimonios de vida, antes que de palabras, llevados al mundo por personas “creíbles”, capaces de hablar como Jesús el lenguaje de la misericordia. . Lo ha afirmado el Papa Francisco al recibir, ayer en audiencia a los participantes a la plenaria del dicasterio para la Nueva Evangelización, dirigidos por el arzobispo Rino Fisichella.
Papa Francisco se reserva la imagen simbólica para el final: hoy hay niños que no saben hacer el signo de la Cruz. Es un signo del analfabetismo religioso actual que no necesita comentarios. Y con esta conciencia el Papa habla de la “nueva evangelización”, un servicio entendido por él en tres puntos: primacía del testimonio, urgencia en el ir al encuentro, proyecto pastoral centrado en lo esencial. El testimonio, “especialmente en estos tiempos”, se necesita –dice- “testimonios creíbles” que “con la vida” “hagan visible el Evangelio”, y “despierten la atracción por Jesucristo, por la Belleza de Dios”.
“Muchas personas se han alejado de la Iglesia. Es equivocado descargar las culpas a un lado y a otro, es más, no deberíamos hablar de culpas. Hay responsabilidades en la historia de la Iglesia y de sus hombres, también en ciertas ideologías y también en personas concretas. Como hijos de la Iglesia, debemos continuar el camino del Concilio Vaticano II, despojarnos de cosas inútiles y dañinas, de falsas seguridades mundanas que hacen gravosa a la Iglesia y dañan su rostro”.
Papa Francisco explica el estilo con el que anunciar el Evangelio que es el que Francisco de Asís pidió a sus frailes: hablar al mundo que no conoce a Jesús, o que le es indiferente, con “el lenguaje de la misericordia, hecho de gestos y de actitudes antes que de palabras”.
“Todo bautizado es ‘cristóforo’, es decir, portador de Cristo, como decían los antiguos Padres. Quien ha encontrado Cristo, como la Samaritana del pozo, no puede tener para sí esta experiencia, sino que siente el deseo de compartirla, para llevar a otros a Jesús. Habría que preguntar a todos los que nos encontramos si perciben en nuestra vida el calor de la fe, ¡si ven en nuestro rostro la alegría de haber encontrado a Cristo!”
El segundo punto está relacionado con “el ir al encuentro de los demás”, el Papa vuelve a pronunciar aquí uno de los verbos claves de su magisterio: “salir”. Es la vocación del cristiano. Salir hacia los demás, dialogar con todos, tengan más o menos fe, “sin miedo y sin renunciar –repite el Papa- a nuestra pertenencia”.
“La Iglesia es enviada a despertar esta esperanza en todas partes, especialmente donde es ahogada por condiciones existenciales difíciles, a veces inhumanas, donde la esperanza no respira, se sofoca. Necesitamos el oxígeno del Evangelio, el soplo del Espíritu de Cristo Resucitado, que vuelva a encender los corazones. La Iglesia es la casa en la que las puertas están siempre abiertas no solo para que todos puedan encontrar cogida y respirar amor y esperanza, sino para que nosotros podamos salir para llevar este amor y esta esperanza. El Espíritu Santo nos empuja a salir de nuestro recinto y nos guía hasta las periferias de la humanidad”.
Pero hablar del camino de las periferias no quiere decir que hagamos una pastoral a ciegas. La Iglesia no deja un proyecto pastoral “al azar, a la improvisación”. Sobre todo, no lo formula de una manera que no “vuelva a lo esencial” y no esté “bien centrado en lo esencial, es decir –afirma Papa Francisco- en Jesucristo”.
“No sirve dispersarse en tantas cosas secundarias o superfluas, sino concentrarse es la realidad fundamental, que es el encuentro con Cristo, con su misericordia, con su amor, y amar a los hermanos como Él nos ha amado. Un encuentro con Cristo que también es adoración, palabra poco usada ¡Adorar a Cristo! Un proyecto animado por la creatividad y por la fantasía del Espíritu Santo, que nos empuja a recorrer vías nuevas con coraje, sin fosilizarnos”.
El último pensamiento es un ‘gracias’ a los catequistas. El suyo, observa Papa Francisco, “es un servicio precioso para la Nueva Evangelización” y “es importante –añade- que los padres sean los primeros catequistas, los primeros educadores en la fe en la misma familia, con el testimonio y con la palabra”.