A menudo, nosotros los padres, optamos por el pensamiento mágico. Pensamos que si no hablamos de algo, ese algo no existe. Trivializamos el problema y lo reducimos
Para ayudar a Aleteia a continuar su misión, haga una donación. De este modo, el futuro de Aleteia será también el suyo.
¿A quién le da miedo hablar de la muerte?
Muchos padres se preguntan si y por qué hablar con los niños sobre la muerte. ¿Es necesario? ¿Tal vez no deben estar expuestos a tales emociones?
¿De qué tienen miedo los padres? A menudo, de ser cobardes ante las preguntas del niño. Ellos mismos tienen miedo de responder las preguntas sobre la transitoriedad de la vida. La civilización actual nos protege efectivamente del contacto con la muerte y de la reflexión sobre ella. Así que, sucumbiendo a esta tendencia, muchos se preguntan si hablar de la muerte al niño, y si es así, cuándo y cómo.
A menudo, nosotros los padres, decidimos pensar de forma mágica. Si no hablamos de algo, ese algo no existe. Trivializamos el problema y lo reducimos. Utilizamos un lenguaje específico: “la abuela está con los angelitos”, “el pececito se ha dormido”. Esto nos ayuda a no tocar el problema directamente. Pero, ¡esta manera de hablar nos protege más a nosotros que a nuestro hijo!
La vejez es algo normal
En la actualidad se afirma la belleza, la juventud y la salud. Nadie quiere admitir la transitoriedad. Tenemos miedo de ella. Necesitamos una nueva crema antiarrugas, otra operación, un comentario al estilo “no parece que tengas esa edad”. No podemos reconciliarnos con ella y tratar de negarla. En tal espíritu de búsqueda de la “juventud” a nivel social se crían nuestros hijos.
La vejez es muy mal percibida por la sociedad. No nos gusta Tenemos miedo de ella. La asociamos con la soledad. Con el final de todo. Los resultados de muchas investigaciones muestran que sólo aceptamos a “nuestros” propios viejos. Ellos son buenos, sabios y queridos. Los de los demás, “no nuestros”, nos parecen unos viejos pesados, testarudos y demasiado entrometidos.
Antes, la persona nacía y moría en CASA, entre sus seres queridos y vecinos. Los niños asistían a las por los muertos, a los funerales. Los niños aprendían a acostumbrarse la “muerte” y a las emociones asociadas con ella. Los padres les ayudaban con ello, racionalizando sus experiencias, explicándolas, abrazándoles. Eran experiencias duras, pero a las que se podía acostumbrar. El niño estaba aprendiendo acerca de su propia transitoriedad. Se racionalizaba su participación en este gran círculo: desde el nacimiento hasta la muerte.
Entender el significado de la muerte
Los cuentos los juegos actuales no ayudan al niño a comprender la muerte. Justo lo contrario, lee alejan de esta idea. En los cuentos los héroes mueren y reviven milagrosamente. Les atropella un coche, se aplanan, para después levantarse plano como una tortita. Se caen por la ventana de un edificio alto, tocan el suelo y se levantan. Esto produce la risa.
El niño no distingue la realidad de la ficción. Las investigaciones demuestran que incluso, aunque esto fuera algo característico para una cierta edad, hoy la falta de discernimiento se alarga más, afectando a otras etapas del desarrollo del niño y lo peor es que se consolida. Los videojuegos funcionan de manera similar. Si el héroe con el que se identifica el niño (y como sabemos por la investigación se suele identificar mucho con él) tiene “unas cuantas” vidas, el niño se convence de que algunas actividades de la vida pueden repetirse, como el daño hecho a la otra persona, como curarse de una enfermedad, como construir una casa, dar forma al carácter de un personaje, etc. Parece que tiene un poder creativo similar a Dios.
¿No queremos causarles un trauma?
Hoy nadie quiere pensar en la muerte. La tenemos pánico. No hablamos de ella. No llevamos a los niños al funeral ni al hospital. No nos acostumbramos a pensar en ella y no podemos acostumbrar a nuestros hijos. Nos defendemos con el argumento: “No queremos causarles un trauma”. Y tarde o temprano vivirán la experiencia de la muerte de sus seres queridos. Cuanto más tarde, tanto más difícil será para ellos hacer frente a la pérdida.
En la clínica me encuentro con muchos adultos que no superan las etapas de duelo. Se aferran a una de sus etapas y no pueden continuar. Este es un estado cada vez más común. Si no sabemos hacerle frente como padres, no podemos hacer mucho para ayudar a nuestro hijo a lidiar con ello. Esto significa que cuando el hijo crezca no será capaz de hacer frente a la pérdida.
Nos asusta la visión del vacío, de la soledad, del miedo y de la no existencia. De haber perdido la oportunidad de disfrutar de: la experiencia, la posición social conseguida a base de un arduo trabajo, de los logros académicos, de los recursos materiales acumulados.
Por eso es tan importante hablar con los niños de la muerte. Basta con leerles el cuento “sin adornos” de “La Niña de los fósforos” o “La Bella durmiente”. Hay que estar atento a las emociones del niño y tratar de responder a todas sus preguntas. Esto le prepara para afrontar el acontecimiento que algún día tendrá lugar. No somos inmortales…