No eres tú, es la metodología
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Empezamos el año súper animadas con nuevos propósitos y metas para cumplir, pero van pasando los días y a veces ni comenzamos o desistimos al poco tiempo; entonces para el 2019 volvemos a tener estos mismos propósitos y la cuestión se vuelve un ciclo de nunca acabar. ¡Así que es hora de identificar qué es lo que te está impidiendo que cumplas tus resoluciones ahorita!
1. Un meta demasiado alta
Con esto no quiero decir que debas limitarte pero sí poner los pies en la tierra. Por ejemplo, no vas a rebajar los 15 kilos que engordaste en todo un año en un mes (o por lo menos no de una forma sana y perdurable en el tiempo) ni lograr ganancias millonarias en el primer mes de funcionamiento de tu empresa.
Establece propósitos reales a largo y corto plazo, de manera que puedas ir viendo tu evolución al pasar de las semanas o los meses, que es lo que te seguirá dando motivación para seguir adelante.
2. Son demasiadas
Seamos sinceras, a veces nuestra lista de resoluciones de año nuevo es más larga que la carta que le hacíamos al Niño Jesús a los cinco años. Como reza el famoso dicho: “El que mucho abarca poco aprieta”.
Elige como máximo cinco cosas que realmente quieras lograr este año (y si se relacionan, aún mejor) y enfócate en ellas. Es como cuando estamos cocinando mil cosas a la vez y al final todo se termina quemando. No, queremos cinco platillos dignos de Master Chef y cocinaditos a fuego lento.
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3. Ideas vagas
Las resoluciones deben ser específicas y medibles. Un error: “ser mejor en mi trabajo”. Eso es muy genérico.
Piensa, según tu desempeño en el 2017, qué es lo que te hará ser mejor este año: ¿Llegar puntual todas las mañanas? ¿Ser más proactiva? ¿Cumplir con todas tus asignaciones a tiempo?
4. Motivarte con negatividad
“Rebajar 5 kilos porque estoy gorda y nada me queda bien”; “empezar mi propio negocio porque ya tengo 35 y me siento una fracasada”… Si estas son tus “motivaciones”, tú misma estás saboteándote y predeterminando tu mente al fracaso.
Cambia el discurso hacia lo positivo: “Quiero tener hábitos alimenticios más saludables y hacer ejercicio por mi salud”; “quiero empezar mi propio negocio porque tengo las capacidades para hacerlo”…
5. No hacer un plan
Queremos lograr esto o aquello, ¿pero nos sentamos a pensar cómo vamos a alcanzarlo? Una buena idea es llevar un cuaderno y escribir los pasos necesarios para alcanzar nuestros objetivos a corto, mediano y/o largo plazo. A veces es preferible empezar en febrero con una buena estrategia que hacerlo impulsivamente a ciegas.
También es cierto que a veces los pasos que te planteas no funcionan, pero recuerda que siempre hay un plan b, c y hasta d. ¿Tu resolución es ahorrar dinero? A lo mejor se trata de establecer un presupuesto para maquillaje, salir a restaurantes dos veces al mes en lugar de cuatro, etc. Como decía el escritor de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry: “Un objetivo sin un plan es sólo un sueño”.
6. Compartirlas
Hay algunas resoluciones que, particularmente, yo creo que deben quedar para uno y que, en todo caso, los demás se den cuenta a medida que vean nuestras acciones. Ese proceso interno también es necesario y, lamentablemente, algunas personas “queriendo ayudar” pueden terminar perjudicándote.
No todas las resoluciones son así, claro, hay a veces que sí vas a necesitar la ayuda y consejos de otras personas, pero a lo mejor se lo dices a dos o tres. Evalúa qué tan importante es para ti que otros sepan o qué tanto te afectan los comentarios de terceros. ¿No les ha pasado que llevan un mes fajadas en el gimnasio y llega alguien y les dice: “pero yo te veo igualita”?
7. Perder una batalla no es perder la guerra
Si no fuera difícil de alcanzar, ya lo hubieras hecho antes. Quizá esa meta que tienes implica un camino largo y difícil, pero valora cada momento porque es una enseñanza y al final verás la recompensa.
Sí, habrá momentos donde tropezarás, otros en los que te frustrarás y querrás desistir, días en los que te darás por vencida, etc; pero lo importante es que te levantes, que lo asumas como un mal día, y que siempre tengas en mente por qué querías hacerlo. ¡Ánimo!
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