Para ayudar a Aleteia a continuar su misión, haga una donación. De este modo, el futuro de Aleteia será también el suyo.
En la actualidad, la mujer no solo es madre y esposa, también ocupa un importante rol profesional, social y político. Y es que, con respecto a principios de siglo XX, el papel de la mujer ha cambiado radicalmente. Por ello, en los últimos años, tanto hombres como mujeres se han ido adaptando a la nueva situación. Los cambios se han aplicado tanto al papel de los unos como de las otras. Las conductas y los roles tan arraigados han tenido que que dar paso a otros más encaminados a la conciliación, a la convivencia y al entendimiento.
Pero, ¿cuál es el valor de la mujer? ¿Dónde radica? ¿Qué valor le otorgamos en realidad?
Descubrir el valor verdadero de la mujer nos permitirá darnos cuenta que, junto al hombre, es un gran don para la humanidad.
Ante todo, es persona
La dignidad de la mujer radica en su ser persona humana. Es decir, su dignidad no viene por su femineidad, sino que es anterior a esta, funda y explica su propio valor.
Este principio antropológico es la base de la igualdad entre el hombre y la mujer en todos los campos de la sociedad. La diferencia entre los dos sexos es evidente, desde los puntos de vista biológico y psicológico, por lo que ambos están llamados a la complementariedad.
La condición femenina
Hasta hace unos años, generalmente se asignaba a hombres responsabilidades como la dirección de una empresa, de una institución o de una nación. Esta idea ha cambiado en su totalidad gracias a muchas mujeres que ocupan puestos directivos desde donde aportan su visión femenina y contribuyen al progreso de la sociedad.
Las mujeres demuestran con sus comportamientos otras formas de racionalidad y de inteligencia que van más allá de la simple búsqueda instrumental de beneficios y de minimización de pérdidas, teniendo en cuenta una mayor sensibilidad, aspecto sumamente necesario para lograr el bien común.
La apertura a la maternidad
Dos se hacen uno para ser tres. La maternidad, ya desde el comienzo mismo, implica una apertura especial hacia la nueva persona. En dicha apertura, esto es, en el concebir y dar a luz el hijo, la mujer se realiza en plenitud a través del don sincero de sí misma. Este aspecto le aporta un valor extraordinario que nunca ha de ser despreciado.
Las posibilidades laborales
Con el pasar de los años, la mujer ha logrado escalar profesionalmente posicionándose en puestos de trabajo que años atrás se tenían como imposibles e incluso no se veían aceptables para ella. A lo largo de este tiempo las mujeres han demostrado un gran nivel de empatía evidenciando una destacada capacidad de llegar a consensos, de trabajar en equipo y de utilizar el poder de manera cooperativa.
Estos cambios, si son vividos con un sano equilibrio, donde tanto el hombre como la mujer son conscientes de su papel y de sus valores, nos podrán llevar a una visión completa del ser humano en su vocación universal al amor y a la realización vital en comunión y complementación con los demás. Se trata por lo tanto de una actitud que contradice la que busca una lucha en la relación entre el hombre y la mujer.