Los pequeños son capaces de conectar con Dios, tú puedes ayudarles a ello preparándoles de distintas maneras
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¿Los niños pequeños pueden rezar en silencio? Sí, responde Anne-Marie Le Bourhis, formadora de catequistas y miembro del Instituto Notre-Dame de Vie. Y propone llevar a los niños a un tiempo de oración silenciosa durante su formación catequética.
¿Por qué?
La finalidad de toda catequesis es poner a alguien no sólo en contacto sino también en comunión e intimidad con Jesucristo: “Sólo Él […] puede hacernos participar en la vida de la Santísima Trinidad“, dijo Juan Pablo II en Catechesi tradendae.
La oración interior -por tanto la oración silenciosa- es una de las formas de oración que nos permite conectar con Dios.
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En los años sesenta, unas maestras del preescolar le preguntaron al Padre Marie-Eugène de l’Enfant-Jésus, fundador del Instituto de Nuestra Señora de la Vida, cómo rezar con los pequeños.
Les animó: “Los niños son capaces de Dios… Conocerlo y amarlo es la experiencia fundamental que se les ofrece”.
Una larga experiencia de aprender a dialogar en amor con Dios entonces comenzó con los niños. Y no sin dificultades.
Un reto hoy
Parece que este aprendizaje de la vida interior se ha convertido en un verdadero reto en la actualidad.
La oración interior es más difícil de transmitir hoy en día. La sociedad está constantemente tirando hacia afuera y no facilita la interiorización.
Distraídos por muchos frentes, los niños suelen estar inquietos y poco concentrados.
Otra razón es que la fe de los niños es llevada por la fe de los adultos. Comienzan naturalmente con la oración vocal o gestual (dando un beso a Jesús por ejemplo), porque miran e imitan la oración de sus padres.
Mostrar que en el silencio hay Alguien
¿Por qué los niños tienen problemas con el silencio?
Para los niños, el silencio es a menudo sinónimo de ausencia. Los jóvenes a veces experimentan cosas difíciles, tienen miedos, ansiedades… No quieren estar a solas con todo eso.
Es bueno hacerles descubrir poco a poco que el silencio está habitado y les revela a alguien que les ama, que les entiende, que les hace el bien y que quiere que sean felices.
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Tal vez a veces olvidamos que la oración se refiere a la persona en su totalidad. ¿No es una de las necesidades urgentes de nuestro tiempo desarrollar una antropología cristiana que manifieste la belleza de la persona, la imagen de Dios, capaz de relaciones y que introduzca en el mundo la grandeza de su plan de amor?
La pregunta no es sólo: “¿quién soy yo?”, sino “¿para quién soy yo?”.
Desde niños
¿A partir de qué edad se puede llevar a un niño a la interioridad? Esto supone una progresión de acuerdo con su madurez psicológica y espiritual.
Es posible tener algunas experiencias de oración silenciosa desde los 5-6 años. Pero generalmente, un punto de inflexión se produce hacia la edad de la razón cuando el niño hace preguntas existenciales.
Por ejemplo: “Me dijiste que Dios lo hizo todo. Y a Dios, ¿quién lo hizo?”. Habrá que acompañarle y enseñarle a confiar en Dios, a quien no puede ver ni oír, e introducirle en el misterio de la fe:
“Con Dios, es normal, no se puede explicar todo. Cuanto más lejos vayas, más preguntas tendrás sobre Dios, ¡y eso es muy bueno! Pero, en algún momento, Dios te llamará a dar un salto de fe, a creer en Él. Él se revelará a ti y te hará entender quién es y cuánto te ama.”
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La ayuda del Espíritu Santo
¿Todos los niños están llamados a ello?
Los niños bautizados han recibido todo el “equipo necesario”: fe, esperanza y caridad, así como la capacidad de recibir los dones del Espíritu Santo. Este don del bautismo les permite entrar libremente en un verdadero intercambio con el Señor.
Por supuesto, Dios es libre de intervenir fuera de los sacramentos. Su deseo es darse a sí mismo, convertir el corazón de cada persona. Para que se parezcan cada vez más a Jesucristo.
La esperanza de ser amados
¿Qué está en juego en el encuentro personal con el Señor?
Este encuentro permite experimentar el amor del Señor en lo más profundo del corazón. En primer lugar, transforma el ser y la vida de uno.
Algunos niños a veces experimentan tragedias. Recuerdo que uno de ellos me confió: “Mi madre me odia y me lo dice todas las mañanas.”
Cuando el niño descubre el amor eterno y gratuito de Dios por él, nace la esperanza. El encuentro personal con el Señor también puede tener lugar en cualquier lugar, en vacaciones, con otros…
Como ese niño sentado en el patio de recreo. Le pregunto: “No juegas, ¿estás enfermo?” Respuesta: “Me estás molestando, estoy teniendo una gran conversación con Dios”.
Este encuentro siempre es posible, en todas partes, y pasa a través del tiempo y las experiencias humanas.
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¿Cómo preparar un tiempo para la oración silenciosa?
Es importante que el escenario sea bello, tranquilo y sobrio con algunas fotos bonitas, pero no demasiadas, de lo contrario el niño sólo verá los detalles.
En la oración, el lugar del cuerpo es importante. Siguiendo el ejemplo de los amigos de Dios, el niño aprende cómo sus gestos tienen sentido y se vuelven sagrados.
Es mejor no encerrar al niño en una posición fija. La oración interior es un proceso personal. Evitemos hacer rezar al niño a toda costa y preguntémonos: ¿dónde está el lugar para su respuesta de amor libre?
El niño también debe estar disponible. ¿Cómo podría rezar si está demasiado preocupado, si no ha sido capaz de expresar lo que le preocupa antes?
Una vez que esté bien asentado, su inteligencia puede nutrirse de la palabra de Dios que lo llevará a un diálogo vivo con el Señor.
El contacto se establecerá mediante un acto de fe, esperanza y caridad: esta es la parte del hombre. La parte de Dios no le pertenece. ¡Está por encima de todo!
Siempre en evolución
La interioridad no es algo que se dé por sentado de una vez por todas; es algo que se retoma una y otra vez, que se vuelve a realizar a cada edad.
La relación con Dios evoluciona, y esto requiere toda una vida. Vale la pena sembrarlo en el corazón del niño. El papa Francisco dijo el 28 de junio de 2019:
“Enseñe a los niños a rezar. Porque vienen inmediatamente al Corazón de Jesús. Jesús los quiere. La oración es una gran manera de avanzar en la vida.”
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